domingo 4 de mayo de 2008


4.

Me piden un poema femenino. Me imagino uno cruzado por silencios, un poco tensionante y olvidado de sí. Un poema fantasma, una cadena de respiraciones cortitas. Algo raro. Un clavo en la almohada. Una aguja/ brillando/ al borde de una huella/ en la arena. Paranoico: médanos atravesados por agujas, una costurera atravesada, una mujer que hace tiro al blanco. Una mujer altísima tensa su aguja de tejer al máximo en un arco. Cuando la suelta, y la aguja araña y se cae. Heridas en la piel. Es tan posible que la mujer no sepa de tiro al blanco, como que se trate de falta de materiales. Cada objeto tiene su historia, y una aguja de tejer y una flecha tienen pocos puntos en común. Se guardan en recipientes similares, y son amenazantes. Son hijas de la precisión y de las necesidades básicas. Sólo eso. Sacamos la herida en el antebrazo de contexto, y tenemos el motor de las fantasías.