domingo 4 de mayo de 2008


5.
Cuando los precios se elevan, los sentidos se imponen. Escucho el aparato de ultrasonido contra las cucarachas, una aguja cuando cae y los botones del control remoto que se destraban después de hacer zapping. Los minerales del pan y el agua saben a cal, o a cáscara de banana. La gente sigue caminando, pero sus cuerpos se articulan en más lugares. Mientras que todos, como siempre, entran y salen por las puertas de los trenes, yo camino por el microcentro con una pala en la mano. En cada esquina hago saltar la brea y las monedas de cincuenta centavos. Están nuevas, y no significan nada.