No lo puedo creer, eso es humo que pasa por debajo de la puerta, la carta larga y gris de nuestro vecino bobo. No huelo pero veo, mientras escucho el zumbido de la maquinita.
¡No hay oxígeno!, ¡ ay, oxígeno!: me irritan tus extremos.
Uso los músculos para olvidar, subo y bajo las escaleras. Más allá del humo, ella sigue con la depilación.
Duerme fuego... duerme miedo... que zumba la maquinita.
El miedo adormecido es la fuerza de la coqueta.
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